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Fundación Casa Rafael
El poder transformador del arte

Desafíos, logros y límites

Los niñas, niños y adolescentes que van a los talleres de Casa Rafael tienden a ser hiperactivos, con grandes necesidades de descargar, y a tener tiempos cortos de concentración: por lo general, les resulta difícil centrarse en una actividad; tienden a “picotear”.

Los desafíos


Los niñas, niños y adolescentes que van a los talleres de Casa Rafael tienden a ser hiperactivos, con grandes necesidades de descargar, y a tener tiempos cortos de concentración: por lo general, les resulta difícil centrarse en una actividad; tienden a “picotear”. Es entonces un desafío constante lograr que mantengan una presencia regular en los talleres, con una continuidad en su compromiso, y que se asienten en una actividad de manera a hacer un proceso evolutivo sostenido, aún cuando logren resultados de los cuales se sienten orgullosos.

En el caso de la música, en las condiciones en las que viven, es escaso que puedan disponer de un instrumento o simplemente de un espacio físico para trabajar fuera de Casa Rafael. Esto hace que, aún cuando tengan facilidades e interés, algunos terminen por abandonar la práctica.

Pero el mayor desafío sigue siendo ayudarles a sobrellevar las situaciones de violencia a las cuales muchos de ellos están expuestos y que tienden a manifestar en sus actitudes y su lenguaje y a trasladar de una forma u otra al conjunto de sus relaciones.

El otro principal desafío es la manera en que la realidad confronta nuestro objetivo porque, en el contexto institucional abierto en el que operamos y con el tipo de población con la que trabajamos, debemos contar todo el tiempo con lo imprevisible y lo aleatorio, algo que complica la posibilidad de un proceso resiliente. Sin embargo, esta realidad encierra profundas riquezas.

Fuera del marco de la obligatoriedad y de las consignas preestablecidas que pertenecen al sistema escolar, los chicos ejercen libertad y autonomía. Observamos así una continuidad en la actividad que, si bien no es siempre de calendario y horario, resulta del deseo, la libre elección y el compromiso.

Con ello, los docentes se encuentran desalojados de su lugar pedagógico clásico para entrar en una dinámica docente más exigente aún pero acaso más estimulante y fructífera para ambas partes: la de ser un recurso y un “compañero de aventuras” al mismo tiempo que un instructor.

Y finalmente, son pocas las horas de encuentro por lo que es esencial que la experiencia vivida en este tiempo sea rica y en cierta forma decisiva.


La confianza


La actividad cotidiana de la Casa Rafael está poblada de grandes y pequeños logros, artísticos y personales.

El mayor de ellos consiste en lograr una relación de confianza que permita que los chicos puedan soltarse, empezar a confiar en si mismo y expresarse con libertad. Es siempre un gran aliento ver florecer esta confianza, inclusive en los adolescentes más rebeldes o cerrados, y presenciar sus manifestaciones de creatividad artística, con la autoestima que la acompañan.

Es maravilloso presenciar su evolución con relación a modos de relacionarse, de saludar, de hablar, de comportarse en el taller y de responder a las consignas y sostener la actividad, etc.

Es emocionante verlos apropiarse de sus recursos y expresarlos a través del arte.

Indirectos y tímidos o al contrario alegres y directos o hasta bruscos, los testimonios de confianza son siempre muy conmovedores por su espontaneidad y su autenticidad, contagian la gana de seguir en adelante.

Es asimismo muy alentador que ellos mismos o sus padres se acerquen, presentando con orgullo el boletín escolar con notables progresos en ciertas materias y el comportamiento general.

Aún más conmovedor, es cuando presenciamos que algunos padres empiezan a interesarse de más cerca en sus hijos, en su forma de sentir, de vivir y de pararse frente a la vida. Algunos hasta comparten la tarde entera con ellos y participan en la actividad.


Los límites


No todos los logros ni todos los tropiezos hacen ruido. No siempre hay una palabra para decirlos. Pero donde más sentimos que no hemos sabido acompañar a un chico tal como lo necesitaba es cuando se aleja y nos enteramos que se dejó llevar por la droga, el alcohol o el delito, o que simplemente prefiere estar en la calle, haciendo “nada”. Y sin embargo, ¡que luz de esperanza cuando no vacila en cruzar la calle y hasta dejar al grupo con el que habla para saludar y venir a dar y recibir afecto, o simplemente pasa a dar un beso!


El 16 de Octubre de 2014 la Legislatura Porteña reconoció el Interés Social de la actividad de Casa Rafael

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