Nuestros Pilares

Para lograr su objetivo de estimular la resiliencia, Casa Rafael ha optado por la vía del arte y ha elegido asentar su actividad sobre dos pilares pedagógico: la educación por el arte, y la pedagogía de la presencia…


¿Por qué el arte?


  • Porque, más allá de cumplir con necesidades materiales básicas, es esencial para todo ser humano realizar sus aspiraciones espirituales y desarrollar su potencial creativo.
  • Porque es perversa la lógica en la que la cultura formal tiende a acrecentar la fractura social cuando, al convocar los recursos más intangibles de la persona, la creatividad artística ignora todo tipo de división y discriminación fundadas en lo económico, lo social o cualquier otro factor.
  • Porque descubrir y realizar el potencial creativo propio es el mayor estímulo para la auto-estima, que a su vez es decisiva para superar la adversidad e insertarse socialmente. El Dr. Boris Cyrulnik va hasta afirmar que la fantasía artística es la mejor herramienta para enfrentar la adversidad. Nosotros creemos que una persona con auto-estima y capaz de apoyarse en sus recursos creativos tiene escasos riesgos de caer en la violencia, la droga, la prostitución y la criminalidad, que son el trasfondo de la vida cotidiana de los chicos a quienes acompañamos.
  • Porque superar la desvaloración personal y/o de grupo -algo alcanzable mediante el arte- permite consolidar la conciencia de la dignidad y las nociones de derechos, de valores sociales y de deberes, así como el espíritu de solidaridad social.


Resiliencia


La palabra “resiliencia”, que ha sido aplicada a la psicología en los últimos 30 años, proviene de la física donde caracteriza la aptitud de los metales de volver a su estructura después de un golpe.

El enfoque de resiliencia apuesta a la existencia de recursos íntimos –algunos hablan de “escudos protectores”- que hacen que el ser humano logre superar condiciones severamente adversas e, inclusive, logre transformarlas en una ventaja o un estímulo para su desarrollo bio-psico-social. Es decir que apuesta a la virtud de aguantar las desgracias y a la capacidad de fortalecerse a partir de ellas.

Contrasta así con el enfoque de riesgo que se centra en la enfermedad y aquellas características que se asocian con una elevada probabilidad de daño biológico y social.

En tanto “optimismo realista” (expresión empleada por B. Cyrulnik), el enfoque de resiliencia no encierra a la persona víctima de un trauma en un destino ineludible de víctima y/o victimario.

Tampoco es sinónima la resiliencia de invulnerabilidad o de éxito social sino que señala el potencial de atravesar la tormenta.

El proceso resiliente no suele ser lineal y “una vez por todas” sino que suele ser caracterizado por avances y estancamientos y hasta aparentes retrocesos.

Tanto individuos como grupos y comunidades son capaces de realizar un proceso resiliente.


Educación por el arte


Este sistema pedagógico (ver más especialmente la obra de Herbert Read) reconoce que:

  • Los lenguajes del arte son lenguajes de todos los seres humanos;
  • Todo ser tiene la capacidad y el derecho de expresarse y de acceder al arte, sea el sujeto artista o no lo sea;
  • La formación humana con un papel preponderante del arte en ella, permite el desarrollo y la afirmación de una personalidad integrada, no disociada;
  • El centro y eje de la enseñanza es el sujeto (niño o adulto), en permanente estado de desarrollo y transformación;
  • Por lo tanto el arte dentro de la educación, puede proporcionar oportunidades para incrementar la capacidad de acción, la experiencia, la redefinición constante y necesaria en los sujetos.

En la educación por el arte, las artes y sus técnicas son un medio y no un fin en sí mismas. En el proceso educativo, el sujeto realiza experiencias importantes para su desarrollo: se expresa, adquiere técnicas, pautas de ordenamiento, experimenta y evalúa en relación con los procesos intelectuales, afectivos y sociales, desarrolla su capacidad de trabajo grupal, incrementa sus posibilidades de resolver situaciones, privilegiando la reflexión sobre la acción y aprende a expresar en distintos lenguajes sus conocimientos y vivencias.

La libre expresión es la manifestación que hace el sujeto de posibilidades que concreta por su propio mandato y el taller es el ámbito y el modo en el que se realiza el proceso de enseñanza y aprendizaje, donde cada uno despliega sus posibilidades que siempre se multiplican en el encuentro con el otro, con los pares y con el docente.

El rol del educador por el arte es el de un guía activo del proceso enseñanza aprendizaje. Debe:

  • Guiar el proceso sin imponer sus propias pautas estéticas;
  • Crear condiciones que favorezcan la emergencia de la espontaneidad y la libre expresión;
  • Y Propiciar un clima de libertad que facilite la comunicación e integración grupal.

La formación de sujetos críticos, sensibles a lo que sucede a su alrededor, abiertos al cambio, con posibilidad de trabajar en equipo, en la aceptación y el respeto del punto de vista del otro y con desarrollo en la capacidad para encontrar respuestas creativas ante los problemas, atiende a la necesidad actual de la sociedad.

Pedagogía de la presencia

Inventado por Antonio Carlos Gómez da Costa (ver “Pedagogía de la Presencia” en Ed. Losada), el término se refiere a un modo de “estar ahí”, al lado de los chicos.

La mayoría de ellos sufren de una auto-estima individual y social muy baja y ello representa el principal obstáculo a su desarrollo personal y su inserción social.

Se trata entonces de un acompañamiento respetuoso de las características y los ritmos de la persona, que no lo expone a la competitividad y la obligación del éxito.




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El 16 de Octubre de 2014 la Legislatura Porteña reconoció el Interés Social de la actividad de Casa Rafael